Tanto el ikigai como la teoría motivacional de Abraham Maslow buscan responder a una misma pregunta de fondo: ¿Qué hace que una persona tenga una vida plena y con sentido?, aunque lo hacen desde perspectivas distintas: una más psicológica y estructurada, y la otra más filosófica y cultural.
Por un lado, la teoría de Maslow propone que las personas se motivan al satisfacer una serie de necesidades organizadas en forma de pirámide:
Necesidades fisiológicas
Seguridad
Afiliación
Reconocimiento
Autorrealización
Maslow plantea que el proceso es progresivo: primero se cubren las necesidades básicas y luego se busca el sentido. Aun así, también sostiene que cubrir lo básico no basta para ser feliz, ya que el nivel más alto —la autorrealización— implica vivir de acuerdo con el propio propósito.
Por otro lado, el ikigai (razón de ser) es una idea filosófica que se refiere a “la razón por la que te levantas cada mañana”. Se basa en la intersección de cuatro elementos:
Lo que amas
Lo que sabes hacer bien
Lo que el mundo necesita
Por lo que te pueden pagar
A diferencia de Maslow, el ikigai sugiere que el sentido puede estar presente desde el inicio, incluso en lo cotidiano, y no solo como una meta final.
A pesar de sus diferencias, ambos enfoques comparten puntos importantes. Los dos buscan explicar qué motiva a las personas y coinciden en que la motivación más profunda no es solo sobrevivir, sino tener un sentido en la vida. También reconocen que el nivel más alto del desarrollo humano implica realización personal y propósito.
Además, en ambos hay una idea de crecimiento hacia una vida más completa, donde se integran factores internos y externos. Coinciden en que la motivación humana incluye emociones, relaciones y sentido, no solo lo material. En esta línea, tanto Maslow como el ikigai rechazan la idea de que el éxito sea únicamente económico.
Ambos enfoques, en definitiva, destacan la importancia de alinear nuestras capacidades internas con el entorno para alcanzar una vida plena.
